05 julio, 2012

Día 246

El despertador sonó furioso como de costumbre, pero esta vez fui yo la que despertó con una sonrisa de oreja a oreja porque sabía que venías. Me arregle, me acomode los pirulos desalineados y me dispuse a empezar con mi gran día. Iba a ser el mejor, de eso estaba segura, y casi que lo presentía. Puse agua en la pava para que se hirviera, coloque un mantel floreado sobre la mesa pequeña, las tazas y todos los utensilios necesarios para un buen desayudo. Esta vez no iba a estar sola. Esta vez y por primera vez ibas a cumplir de venir en tiempo y forma. Esta vez, por fin puedo decir que ibas a compartir la mañana conmigo. Desenvolví y coloqué en sus respectivos platos las dos porciones de torta que con tanto esmero elegí a tu preferencia: chocolate con crema y recubiertas con almendras. No hace falta admitir que yo no las prepare porque ya sabemos que la cocina no es mi especialidad de ante mano, pero por eso se puede obviar este comentario. Serví el agua que ya empezaba a evaporarse sobre las pequeñas tacitas y puse cuatro cucharadas de chocolate y dos de azúcar para ambos. Mire la hora y me sorprendió que todavía no llegaras. Supuse que el tráfico, la mañana y los contratiempos eran parte de la rutina cotidiana así que no me alarme demasiado. Me senté sobre una de las sillas de madera que estaban junto a la mesa y espere. Uno, dos, seis, quince minutos. Una eternidad que se termino cuándo la impaciencia empezaba a notarse en los movimientos de mi mano. En el minuto siguiente lo inesperado trasformo mi cara de una forma notoria. Un simple mensaje de texto, breve y concreto, resumía todo mi estado: Perdón, se me hizo tarde, lo dejamos para otro día. Y justo cuándo la angustia y la bronca iban a tirar las dos porciones de torta a la basura, el timbre retumbo dos veces sobre mis oídos. Corrí a ver quién se suponía que veía a molestar un viernes tan tempranamente, y no lo podía creer. Era él, en vivo y en directo, en primera persona era él, con un ramito de flores sobre los dedos congelados por el frío matutino.
-Perdón por la demora, pero me gusta generar cierta expectativa.
-Sos tremendo.
-¿Pensaste que me iba a perder nuestro primer-super desayuno?
No tuve más ganas de contestar, solamente pude besarlo deliberadamente. Y por suerte todo seguía intacto en la cocina, hasta que llegamos y nos devoramos todo lo servido entre otro par de besos, risas y un poco de buena música.

10 comentarios:

  1. Me encanta¡¡ :) sigue así , un beso. Pásate por los míos cuando puedas ;)

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  2. Holaaaa!
    oooh, que bonito entrada..
    si es que que bonito es el amor, el amor mueve el mundoo!! un saludo!

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  3. Nooo, es la mejor sorpresa que te pueden darr!! que linda entrada, me encanto, un beso enorme :D

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  4. Que bonito:) leyendolo pense por un momento que la iva a dejar plantada pero fue una hermosa sorpresa:D

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  5. Besarlo porque no hay forma de deshacerte de él. ¡Un besazo enorme! Muy bonito :)

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  6. La verdad, amé esto. Amo tu blog, amo la forma que tenes de escribir las cosas. ♥Muy bueno (:

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  7. Menuda preciosidad de entrada, desde luego, solo tú podías crear algo así. No hace falta decir que en las últimas líneas se me puso una cara de boba enamorada... Besos! (:

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  8. Geniaaaaal! me ha pasado, lo describiste tal cual!
    me encanta!!!

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