30 junio, 2013

Día 386

Te dicen que no puedes quererlo todo en la vida, que eso es de alguien egoísta, que debes esperar, o desistir, que debes pensar en frío, que eso no es para vos, que aquello nunca te pertenecerá. Pero luego te dicen que debes lanzarte al vacío sin mirar, sin pensar, que debes luchar, soñar, aspirar, desear con todo tu corazón, que si de verdad lo quieres debes ir tras ello cueste lo que cueste, que nadie más luchara por lo mismo o que alguien más te lo quitara si no te das prisa. Te dicen que no, y luego te dicen que sí, que el tren no espera, pero que siempre hay una segunda oportunidad, pero es tarde, pero no debes perder las esperanzas. Te hablan de paz, de amor y de cosas buenas, y más tarde te dicen que no vueles demasiado alto porque te vas a estrellar, que es mejor tener los pies sobre la tierra que estar en la luna de Valencia. Y yo no se si quiera dónde queda aquella luna. Odio que la gente se contradiga todo el tiempo, que invente discursos falsos para hacerte sentir mejor, pero que no les importe echarle veneno a tus ilusiones sin siquiera un mínimo de remordimientos. ¿A caso no fueron jóvenes, y desearon conquistar el mundo, e irse lejos de casa para sentirse libres, y apostar a la suerte y otras cosas? Ellos te dicen y uno se decepciona cada vez más.

25 junio, 2013

Día 385

El regreso siempre es un acto de sentimientos encontrados, de querer volver sin tener motivaciones, de sonrojarse estúpidamente por pensar en quién estará esperando en la terminal, de no haber deseado terminar, mejor de quedarse un poquito más, es también de no saber que decir o de cómo volver a empezar una conversación después de miles de kilómetros; de pasar en limpio todo lo vivido, y de guardarse algunos detalles para uno solo; de ponerse al día con el tiempo traspapelado, de reabrir un viejo blog como si no hubiera pasado nada; de desempacar y decirle a alguien lo mucho que se lo extraño; de darse cuenta que el tiempo fue tan efímero que pareciera que el viaje sólo sucedió en el pensamiento.

11 junio, 2013

Día 384

Se resbala por su mejilla una lágrima mientras se miran fijamente sin mediar palabras. Él sostiene su taza de chocolate suspendida en el aire, ella redobla las yemas de sus dedos sobre la mesa de roble, dejando ver sus uñas recién pintadas de un lapislázuli vibrante. La aguja de reloj pronuncia una y otra vez el tiempo que se les va mientras los recuerdos se ahogan en un vaso de agua. El murmullo resulta ser como una música de fondo mal cantada que no deja concentrarse en lo que realmente se deberían decir. Ella no quiere empezar, él prefiere no arruinar lo poco que les queda. Ambos están ahí, sumergidos en un mar de dudas y reproches y disculpas que no saben como pronunciar. Él sabe que no le queda mucho tiempo más, que un boleto de tren lo espera a las seis y de ahí no habrá ni perdón ni esperanzas que valgan la pena dialogar. Y ya es hora, la hora que nunca planearon cuándo se conocieron tres años atrás, más precisamente, el verano más caluroso de sus vidas. Se levanta de su asiento, por fin, y le da un beso en la frente para terminar con el eterno drama. Ella baja la mirada sin pestañear y pronto lo ve marchar y perderse entre el montón. Por momentos se arrepiente de no haberlo detenido y por momentos ruega que no se vuelva para mirarla. Ya estando y sintiéndose más sola que antes, abre su bolso y saca un sobre que no tuvo valor de entregar, dentro estaba su carta de puño y letra, la fotografía de aquel verano y una ecografía tomada hace una semana. Es demasiado tarde para que él lo sepa.

02 junio, 2013

Día 383

Calles, calles que guardan todo tipo de recuerdos, algunos pasados por llantos, otros lleno de risas y buenos momentos, calles que vieron crecer y calles que atestiguaron la muerte, calles que marcaron grandes acontecimientos, históricos, verídicos, y otros inventados al pasar, calles que compartieron la nostalgia de una despedida, de algunos hasta luego que terminaron en nunca más, calles, calles que se llenaron de amores, prohibidos, perdidos, comprometidos y despechados, calles que se volvieron mágicas y también las que pasaron por otras adicciones, calles que lo vieron todo aunque guardaron silencio, calles que pasaron al olvido y calles que nunca duermen como las de las grandes ciudades, calles, calles que son parte de la vida de alguien, calles que a pesar de los años siguen guardando esos aromas, esos sentimientos, esos recuerdos que florecen en un abrir y cerrar de ojos cuándo nadie las ve.