16 octubre, 2013

Día 400

Desperté, como todas las mañanas despierto, con mil cosas en la cabeza esperando a ser resueltas, algunos problemas del ayer que acechan y lastiman en los momentos menos indicados y la lista de planes por concluir. Coloqué dos cucharadas más de azúcar sobre la taza de té y me dispuse al trabajo cotidiano frente al ordenador. Como es habitual en mi, empece por escribir en un papel las cosas urgentes seguidas por las importantes y luego de ello revisé la casilla de mail y las redes sociales a las que asiduo. Lo interesante llega recién a los cinco minutos de navegar un rato, una noticia que me dejo helada, repitiendo en mi mente "porqué". Es normal encontrarse con historias de animales maltratados, personas que desaparecen misteriosamente y de la misma forma aparecen pero en una bolsa negra y sin quitar sensibilidad al asunto, de la misma forma uno se topa con las noticias más desagradables e igual de innecesarias de publicar, y como todo se volvió parte de la naturaleza cotidiana del ser humano, a la larga uno pasa por alto ese tipo de cosas, no porque este cansado de escucharlas, sino por el contrario, porque ya no quiere escucharlas. Sin embargo, nunca se puede pasar por alto la muerte de alguien con la que alguna vez tuviste una amistad, un parentesco o simplemente un trato de cordialidad. Quizás no sabías cuál era su color favorito o si su cumpleaños era en marzo o abril, pero sabes que existía, sabes como era, como hablaba, como sonreía, y lo más triste, sabes lo joven que era, que a lo sumo te llevaba tres años de diferencia pero no importaba, esa persona tenía toda una vida por delante, como vos, como yo. Entonces volví a repetir "porqué", esa pregunta que sólo nos hacemos en estado de egoísmo por querer conservar algo o alguien y como si eso en realidad cambiara algo de la vida o las palabras no dolieran tanto como el flashback de recuerdos que guardabas con esa persona en lo más profundo de tu ser. Hay cosas que uno nunca va estar listo para afrontar.

10 octubre, 2013

Día 399

Te veo al otro lado de la cama, con tus pestañas aún caídas, el cabello revuelto sobre la almohada, un lunar perteneciente a alguna constelación, escurridizo que se asoma sobre el mentón y la respiración perfectamente sincronizada con los latidos del corazón. Te veo ahora así te retrato en mi mente mejor, porque cuándo suene el despertador ya no habrá rastros tuyos, ni habrá tiempo para una despedida ni mucho menos para un desayuno compartido. Vos y tus obligaciones, vos y tus complicaciones, vos y tus excusas, siempre vos pero nunca yo. Te veo mientras me imagino que ese día preferirás quedarte cinco minutos más, que dejaras de pensar en lo patético que pueden ser dos personas hablando de amor con la misma pasión que se puede hablar de fútbol y la complicidad de dos niños que guardan un secreto. Sólo cinco minutos más son los que me sobran a mi para verte despertar y marchar por la puerta principal a la velocidad de la luz, mientras yo analizo la situación e intentando evitar que el amor no se hunda en la monotonía sin dejar de ser amor, como si fuera un problema de cálculos.

08 octubre, 2013

Día 398

Hace unos meses creí que me moría de tristeza, literalmente, y esta vez no es otra carta más para rellenar el espacio vacío, ni siquiera es ficticio, en realidad sí lo sentí en carne propia, el estar completamente sola, abandonada, parada en la nada misma. Hace ya más de ciento veinte días que oficialmente no tengo un novio a quién querer, a quien despertar con un buen día, a quien besar o esas cosas. Pero mucho más tiempo hace que no lo decía, no se lo contaba a nadie porque quería que fuera mi secreto y prefería ahorrarme esas conversaciones de penas y de lo bien que se nos veía cuándo estábamos juntos. Luego de esa dura etapa y ahora que me siento más despierta, ya no me avergüenzo de admitir que estoy soltera, o mejor dicho, que me separe definitivamente de otra persona a la cual pensé que con amor se iba a quedar toda la vida, cómo si el amor fuera un soborno más tentador que cualquier otra cosa, y con el pasar de los días, esa persona no llamo, no escribió ni dio señales de arrepentimiento ni suplicas, simplemente se acomodó en su decisión de ocuparse en otras cosas más importantes (a mi entender, mejores) que estar en una relación. Al principio no lo quise reconocer como tampoco quise cambiar el estado sentimental en una red social (por las dudas), creí que a más tardar a una semana de la separación iba regresar con un ramo de flores y un melodrama de disculpas al cuál yo no dudaría en perdonar, pero obviamente no sucedió. Aún me levanto y duele en algún lugar profundo de mi ser, seguramente dónde quedo ese ideal de persona maravillosa mezclado con la decepción que me dejo, pero ya no sufro por su ausencia, sé que un día el hecho de que no halla vuelto se lo voy agradecer y no justamente por la inspiración para escribir estas cosas, sino porque tenía razón, alguien mejor venía después de él.