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Mostrando entradas de octubre, 2013

Día 400

Desperté, como todas las mañanas despierto, con mil cosas en la cabeza esperando a ser resueltas, algunos problemas del ayer que acechan y lastiman en los momentos menos indicados y la lista de planes por concluir. Coloqué dos cucharadas más de azúcar sobre la taza de té y me dispuse al trabajo cotidiano frente al ordenador. Como es habitual en mi, empece por escribir en un papel las cosas urgentes seguidas por las importantes y luego de ello revisé la casilla de mail y las redes sociales a las que asiduo. Lo interesante llega recién a los cinco minutos de navegar un rato, una noticia que me dejo helada, repitiendo en mi mente "porqué". Es normal encontrarse con historias de animales maltratados, personas que desaparecen misteriosamente y de la misma forma aparecen pero en una bolsa negra y sin quitar sensibilidad al asunto, de la misma forma uno se topa con las noticias más desagradables e igual de innecesarias de publicar, y como todo se volvió parte de la naturaleza cotid…

Día 399

Te veo al otro lado de la cama, con tus pestañas aún caídas, el cabello revuelto sobre la almohada, un lunar perteneciente a alguna constelación, escurridizo que se asoma sobre el mentón y la respiración perfectamente sincronizada con los latidos del corazón. Te veo ahora así te retrato en mi mente mejor, porque cuándo suene el despertador ya no habrá rastros tuyos, ni habrá tiempo para una despedida ni mucho menos para un desayuno compartido. Vos y tus obligaciones, vos y tus complicaciones, vos y tus excusas, siempre vos pero nunca yo. Te veo mientras me imagino que ese día preferirás quedarte cinco minutos más, que dejaras de pensar en lo patético que pueden ser dos personas hablando de amor con la misma pasión que se puede hablar de fútbol y la complicidad de dos niños que guardan un secreto. Sólo cinco minutos más son los que me sobran a mi para verte despertar y marchar por la puerta principal a la velocidad de la luz, mientras yo analizo la situación e intentando evitar que el …

Día 398

Hace unos meses creí que me moría de tristeza, literalmente, y esta vez no es otra carta más para rellenar el espacio vacío, ni siquiera es ficticio, en realidad sí lo sentí en carne propia, el estar completamente sola, abandonada, parada en la nada misma. Hace ya más de ciento veinte días que oficialmente no tengo un novio a quién querer, a quien despertar con un buen día, a quien besar o esas cosas. Pero mucho más tiempo hace que no lo decía, no se lo contaba a nadie porque quería que fuera mi secreto y prefería ahorrarme esas conversaciones de penas y de lo bien que se nos veía cuándo estábamos juntos. Luego de esa dura etapa y ahora que me siento más despierta, ya no me avergüenzo de admitir que estoy soltera, o mejor dicho, que me separe definitivamente de otra persona a la cual pensé que con amor se iba a quedar toda la vida, cómo si el amor fuera un soborno más tentador que cualquier otra cosa, y con el pasar de los días, esa persona no llamo, no escribió ni dio señales de arre…